Sobre el ruiseñor muerto.
Aquélla ala antes al viento dispuesta
ahora encierra tu cuerpo caído;
tu plumaje yace ennegrecido
adornando la carne descompuesta.
La muerte vence: permanece impuesta
como el único fin reconocido,
como el silencio que obligó tu olvido,
ruiseñor, en que la muerte denuesta.
No serás más que tus pobres huesos;
no quedará recuerdo de tu canto:
serás un ideal del porvenir.
Nunca más serán los vuelos traviesos;
la vida perderá su dulce encanto
palideciendo el lago de zafir.
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