Añoranza.
¡Cuánto sufre el corazón del que espera!
Cada hora pasada es cual un día,
cada respiro es la lenta agonía
de la esperanza que mira, severa.
Todo para él es triste carrera
hasta el sueño que alguna vez tendría,
que por necio o por azar perdería
en la hora que más aborriera.
Pero aún, corazón, sigues latiendo,
y en cada uno de tus breves latidos
la esperanza y el sueño renacen.
Tan sólo espera, y sigue queriendo:
manténte fiel a tus otros sentidos,
que el tiempo y la añoranza bien hacen.
No hay comentarios:
Publicar un comentario