Don del llanto.
¡Qué rápido pasó que mi destino
se convirtiera en éste llanto!
Entre densas tinieblas camino
en el negro desencanto.
Aquélla tierna esperanza dice
que todo mi bien dejó de ser,
y, aunque para salvarle nada hice,
en él no dejo de creer.
Si el agua entre mis dedos huye
de ésta boca seca que la busca,
¿cómo no es el amor quien me destruye
si mi cielo y mi razón ofusca?
Si la pérdida es algo inescapable
y el sueño es una quimera,
yo seguiré viviendo, inconsolable,
sin saber mi corazón qué espera.
Si debo vivir triste y sin destino,
¿qué puedo creer de lo que ofrece
el mundo si parece un desatino
y una enfermedad lo que padece?
Me nutriré de la tristeza
y viviré del desencanto,
y buscaré mi fortaleza
en lo más hondo del llanto.