miércoles, 28 de noviembre de 2018

Don del llanto.

Don del llanto.

¡Qué rápido pasó que mi destino
se convirtiera en éste llanto!
Entre densas tinieblas camino
en el negro desencanto.
Aquélla tierna esperanza dice
que todo mi bien dejó de ser,
y, aunque para salvarle nada hice,
en él no dejo de creer.
Si el agua entre mis dedos huye
de ésta boca seca que la busca,
¿cómo no es el amor quien me destruye
si mi cielo y mi razón ofusca?
Si la pérdida es algo inescapable
y el sueño es una quimera,
yo seguiré viviendo, inconsolable,
sin saber mi corazón qué espera.
Si debo vivir triste y sin destino,
¿qué puedo creer de lo que ofrece
el mundo si parece un desatino
y una enfermedad lo que padece?
Me nutriré de la tristeza
y viviré del desencanto,
y buscaré mi fortaleza
en lo más hondo del llanto.

Reflexión.

Reflexión.

¿A dónde va todo cuanto dejas?
¿Dónde guardas todo lo que ocultas?
¿En qué lugar las esperanzas viejas
tras tanto amor olvidas y sepultas?
No puedo dar respuestas al corazón,
no puedo alivianar sus dudas;
aquél que ama no tiene razón,
ni consuelos, ni calmas, ni ayudas.
En ése fuego trémulo que camina
tu alma con sus pasos indecisos
no encontrará la flor que germina
en los jardines: hallará narcisos.
Y ya si aquél pétalo de su embrujo,
su hechizo egoísta y traicionero,
trocará el orden al que me redujo,
y algo nuevo será lo primero.
Y tras buscar los sueños de antaño
a los que dio su mirada dura
los sabrá ausentes, y tras el daño
le acompañará hasta la sepultura.

lunes, 26 de noviembre de 2018

quia Kim: quattuor numeris

Carta.

Esperanza.

Esperanza.

No puedo olvidar su perfil de diosa
como una escultura en mármol tallada;
ni puedo olvidar la curva sinuosa
de su risa, antes por mí inspirada.
La memoria de fuego es nebulosa
y cuando su desnudez es hallada
por mi mano insegura, la hermosa
quimera se ve reducida a nada.
No busco liberarme de mi yugo
ni busco deshacerme de mi pena
si es que yugo y pena se consideran.
Mi propio amor es mi único verdugo
y, aunque es hondo a lo que me condena
yo padezco el amor de los que esperan.

Locura.

Locura.

He pagado mi amor con la locura
pues me ha arrebatado el sentido;
si todo ésto cuanto he vivido
es amar, no existe labor más dura.
Sus palabras me llenan de amargura,
su egoísmo me mantiene herido,
y pese a todo se mantiene asido
mi corazón, que olvida la hechura.
El tiempo es el testigo que relata
éstas penas que ahora me destruyen
y el amor que alguna vez fue mío.
Que sepan todos que el amor me mata,
y que todos los fuegos que en mí fluyen
se apagaron con éste llanto frío.

First English Sonnet: Longing.

Longing.

Which color does my anguish show today?
I'm the slave of my never-ending spleen!
Upon touch is yellow, and then turns grey,
and when caressed too much turns to dark green.
That somber look upon my anguish's face
turns to bright golden when facing my eye;
its cheeks full of sorrow show the bright lace
of a current drenched in mystical dye.
But from all the possible colors, by
far the worst is when my anguish is blue:
such beautiful color I cannot defy,
as morning bristles cannot with the dew.
From this blue sadness, this gloominess
my heart aches, and longs, and finds no rest.

Memoria.

Memoria.

Aún recuerda mi piel tu candor
cual herida que sueña y añora;
bebe de mi dolor hora por hora
la memoria de ti, y de tu amor.
El sol no abrasa con aquél calor
ni parece luminosa la aurora;
la tristeza, enternecida, desflora
mis memorias de su dulce color.
Aquélla piel fue tuya, pero antaño;
hoy sólo quedan lentos días, tristes
recuerdos de un pasado sin regreso.
Te queda consolarte con tu daño:
pese a tu gran dolor, aún subsistes,
y todavía no te hunde su peso.

Angustia de ti.

Angustia de ti.

Ésta angustia de ti me ha sido cara:
su sensación que hiere me desvanece,
asegura que nada me depara
y que largo será lo que padece.
Voy rumiando mis miedos y dolores
en caminos de llanto en que se apagan
mis pocas luces; todos los amores
con que la amé mi futuro barajan.
Puedo contar las lágrimas caídas,
puedo memorar los hondos suspiros,
y puedo morir minuto a minuto;
mas no son por ello disminuídas
mis penas; tiernos amores: ceñiros
al gran dolor que vivo y disputo.

lunes, 19 de noviembre de 2018

Recuerdo Candoroso.

Recuerdo Candoroso.

¿A dónde iré a parar, desconsolado
del mundo y de todo cuanto ofrece?
La flor de mi esperanza se ennegrece,
dejando la jardín del alma callado.
Aunque nada me dio, me ha quitado
el sueño febril que un hombre padece
cuando una sola bella le parece:
tengo la desdicha del enamorado.
Resiste, fuerte, a los golpes que dan
aquéllas manos que dieron caricias
en tiempos más alegres y gustosos.
Deja las cosas tal y como están:
y recuerda con ternura las delicias
que te dieron momentos candorosos.

Sobre el ruiseñor muerto.

Sobre el ruiseñor muerto.

Aquélla ala antes al viento dispuesta
ahora encierra tu cuerpo caído;
tu plumaje yace ennegrecido
adornando la carne descompuesta.
La muerte vence: permanece impuesta
como el único fin reconocido,
como el silencio que obligó tu olvido,
ruiseñor, en que la muerte denuesta.
No serás más que tus pobres huesos;
no quedará recuerdo de tu canto:
serás un ideal del porvenir.
Nunca más serán los vuelos traviesos;
la vida perderá su dulce encanto
palideciendo el lago de zafir.

Consejo al Poeta.

Consejo al Poeta.

Poeta: desconfía cuanto quieras:
debes ver más allá de las mentiras;
debe ser verdad todo cuanto miras:
tus ojos deben deshacer quimeras.
No habrá verdad por la que no dieras
tu vida, y aquél bien al que aspiras
te será bien pagado; ahora inspiras
al mundo: no habrá nada que no adquieras.
Pues bien, poeta: sufre meditando
tus tristezas y tus consternaciones
sin dar lugar a la miel que te ofrecen.
Hay quienes, ciegos, nunca están mirando
la pesada cadena en sus situaciones:
en la jaula que yacen no padecen.

Visión.

Visión.

¿Qué oscura visión se me presenta
con un aire de voces melodiosas?
¿Será la frialdad que hay en las fosas
llamando a mi alma lívida y cruenta?
La muerte, ¿para mí qué representa
si mis esperanzas no son grandiosas?
Si me quedan las horas dolorosas
de no existir, ¿a qué mi alma se enfrenta?
Se revela en la muerte la tranquila
hora del tan añorado reposo
al que me entrego triste y absoluto.
Que digan que en mi alma hubo una pila
que venció al corazón dadivoso
de un hombre que amó sincero, impoluto.

Acusación Alejandrina.

Acusación Alejandrina.

He sido presa de una primavera engañosa
a quien entregué mi amor absoluto y sincero;
y aquélla ilusión de una Eternidad gloriosa
hoy me da un adiós melancólico y austero.
Por tanto haberla querido la encuentro odiosa:
es duro imaginar que el ideal que más quiero
hoy me muestre su luz, y su forma borrosa
haya sido mi amor, el amor por el que muero.
Pues bien: muriendo hago algo de justicia en mí:
con aquélla muerte también se va la memoria,
y siento que descanso sin dolor ni recelo.
Aquél amor al que me entregué con el frenesí
de un loco hoy parece minucia y escoria:
nunca mereció el sagrado nombre del cielo.

Despecho.

Despecho.

¿Quién ofrecerá lo que yo ofrecí?
¿Trocará por virtudes tus defectos?
¿Hallará tu belleza los perfectos
tonos de tus labios carmesí?
¿Quién podra darte lo que yo te di?
Una unión pura de los intelectos,
un amor que hablamos por dialectos
de fuego, un amor todo frenesí.
Hay quien tiene al alcance de su vida
un amor único, que entre los otros
reluce como el siempre añorado.
Pues bien: a da tu ilusión ya por perdida:
bien sabemos que el tuyo era nosotros,
y ninguno queda para ti guardado.

Duda Melancólica.

Duda Melancólica.


¿A qué otros labios tu amor prodigas
o qué otras caricias te enardecen?
¿Tus mejillas ante alguien palidecen?
¡No hables más, mi alma! Por favor no sigas.
Tonto corazón: digas lo que digas
tus ínfulas tan sólo desfallecen,
tu tiempo y tu sueño favorecen
ésa esperanza que aún abrigas.
¿Qué te es más doloroso: ése anhelo,
o la seguridad de haber perdido
su amor, que yace inerte ante tus lofres?
Yo te lo diré: aún entre el hielo
de su trato hay un ojo enternecido
mirando entre dulzuras y rencores.

Hastío.

Hastío.

¿Cuántas veces mi amor ha despreciado
como un plato que tanto conocía?
¿Acaso alguien del buen amor se hastía,
o lo detesta si ya lo ha probado?
¿Cuántos un amor tal han encontrado
sintiendo que su vida perecía
sin él? ¿Cuántas personas día a día
persiguen éste dios enamorado?
Quien se acostumbra al mar desdeña la ola,
sin importarle su trino distante,
o su voz, su perfume, o su cadencia;
mas, cuando llega el tiempo y desola
con su canto de fuego crepitante
es cuando pensamos: "¡Oh! ¡Su presencia!..."

domingo, 11 de noviembre de 2018

El fin deseado.


El fin deseado.




¿Cuántas lágrimas por ti he vertido?
¿Y cuánto el dolor me ha cercenado?
Parece ilusión lo que he vivido:
¡y pesadilla lo que ha pasado!
En horas lentas me siento atraído
por la negra aurora que ha nombrado
al océano como al fin querido
antes tenebroso, y ahora añorado.
Mas, ¿cómo librarías tu tristeza
si ése mar al que te ceñirías
sería algo de los dos, compartido?
Si la melancolía que te ateza
está en ti, ¿de qué te serviría
el mar, si todo para ti es olvido?



Morir.

Morir.

Morir tranquilo, morir dulcemente:
que la muerte se mezcle entre las venas;
ver el ocaso y sus nubes cárdenas
con libertad: morir silentemente.
Morir adolorido, amargamente,
morir, e ir liberando las cadenas
cayendo en un ensueño de sirenas:
morir altivo, decididamente.
Que cada día que pase muriendo
sea con decisión; que las carrolas
negras tengan un jinete: yo mismo.
Prefiero ésto que seguir viviendo:
quiero ser como el mar, y con sus olas
arrastrarme, indefenso, al gran abismo.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Printemps Éternel.

Printemps Éternel.

Cuando, en soledad, mi pena convido,
el llanto cubre con ardor mi cara
mientras pienso: ¿qué bien aún me depara
mi porvenir, si alguno ha tenido?
En tristeza bañado, y herido
por la luz del sol que antes me alegreara
bebo del llanto hasta que hastiara
de memoria al corazón compungido.
Mas pienso que, si el tiempo es generoso,
sabrá abrir en los campos los huertos
y que el amor -rocío- sea como era.
Y de aquél su caudal claro, glorioso,
con su baño dará a los desiertos
agua para la Eterna primavera.

Añoranza.

Añoranza.

¡Cuánto sufre el corazón del que espera!
Cada hora pasada es cual un día,
cada respiro es la lenta agonía
de la esperanza que mira, severa.
Todo para él es triste carrera
hasta el sueño que alguna vez tendría,
que por necio o por azar perdería
en la hora que más aborriera.
Pero aún, corazón, sigues latiendo,
y en cada uno de tus breves latidos
la esperanza y el sueño renacen.
Tan sólo espera, y sigue queriendo:
manténte fiel a tus otros sentidos,
que el tiempo y la añoranza bien hacen.