Soneto Final.
En el fondo del mar yace, enterrado,
el amor que hoy dejo y que tanto sufrí;
las tiernas horas a su lado viví
con el mismo fervor las he llorado.
Todo aquél amor ha sido quemado:
adiós a la caricia y al frenesí
que me causó el cuerpo en que tendí
toda mi pasión cual loco extraviado.
Digo adiós a tus sombras, amor mío,
y con ésto doy, al fin, la despedida;
atardece: que el cielo palidezca.
Mas no por ello me quedo vacío:
aunque todo fue tuyo en ésta vida
ahora será de quien lo merezca.
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