Queja Homicida.
Deberías tan sólo morirte
para yo saber que no existís,
y que no hay nadie
a quien tu boca toque,
que no habrá ya nadie
que hunda los dedos
en tus piernas morenas,
ni en tus senos
como dos
rosas abiertas.
Deberías morirte para saber
que tu corazón no pertenece
más que a la tierra
y a los gusanos;
morirte para saber que mi angustia
no tiene objeto alguno,
pues no sos ya de nadie:
ni Dios parece tocarte
pues vos siempre estuviste
por encima de Dios.
Deberías morirte para yo saber
que ya vivo muerto también,
que no hay amaneceres,
que el sol brilla
en retroceso,
que la vida sucede
hacia atrás,
y que tan sólo me queda rememorar
cada paso,
cada caricia,
tuya
como un vicio sin libertad,
como una duda sin pregunta,
como unos ojos que entrecierro
y siento que te dibujan
en la sombra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario